El marido de esta rubia carnosa se mostraba muy confiado cuando un tipo le ofreció jugar a un juego. Le ofrecía una suculenta cantidad de dinero si conseguía ganarle. Lo cierto es que merecía la pena intentarlo. Pero... ¿y si perdía? Si perdía a cambio debía permitir que su tetona mujer follase con el desconocido. Finalmente perdió y se convirtió en un miserable cornudo. Moraleja: nunca confíes en un trilero.
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